viernes, 9 de abril de 2010
Leonid Yakobson
Yakhdun-Lim
(1815-1799 a.C.) Rey de Mari (actual Tell Hariri, en Siria), hijo de Yaggid-Lim y padre de Zimri-Lim (aunque actualmente esta paternidad se cuestiona). Al parecer, Yakhdun-Lim ocupó el trono de Mari tras desplazar del mismo a su propio hermano Sumu-Khamam, partiendo desde Terqa o desde Suprum. Por algunas inscripciones monumentales, por los nombres de datación de sus años de reinado y por textos administrativos se pueden conocer los principales hechos de su actuación política y militar.
Disco inscrito de Yakhdun-Lim, rey de Mari
En el interior impuso un dominio sobre los khaneos —a siete de cuyos reyes venció—, lo que le permitió pacificar buena parte de sus territorios. Asimismo, combatió victoriosamente contra los nómadas jaminitas. Luego construyó canales para el regadío de sus territorios, reparó las orillas del Éufrates dañadas por las crecidas anuales y construyó murallas para proteger sobre todo Mari, la capital política, y Terqa, la capital espiritual. También fundó una ciudad, en un lugar desértico, a la que dio su propio nombre (Dur-Yakhdun-Lim) y dotó incluso de un canal.
Su influencia llegó a puntos distantes; alcanzó incluso el Mar Mediterráneo, adonde acudió en una ocasión (lo que le sirvió para obtener gran cantidad de maderas del País de los Cedros y del Boj). A su vuelta pudo abortar una sublevación de reyezuelos vasallos del Éufrates (La'um, rey de Samanum, Bakhlu-Kulim, rey de Tuttul, y Ayalum, rey de Abattum), dirigidos por el rey de Yamkhad (Alepo) Sumu'epukh, el verdadero controlador de los bosques de la costa. Tras derrotarlos y quemar varias de sus ciudades, llegó incluso a deportar a parte de sus habitantes.
Asimismo, derrotó al rey Ka-Suri-Khala, de la ciudad de Khaman; hubo de luchar también contra el asirio Shamshi-Adad I en zonas de la Alta Mesopotamia —sobre la cual se extendía la influencia tanto de Assur como de Mari—, a quien derrotó en Nagar, ciudad ubicada a orillas del Khabur. Se ignoran los hechos del final de su reinado, si bien se sabe que fue cuestionado por algunos reyezuelos vasallos.
El trono de Mari, tras el asesinato de Yakhdun-Lim por algún componente de la familia de Shamshi-Adad I de Asiria, pasó a manos de su hermano Sumu-Khamam o Sumu-Yamam (algunos especialistas lo consideran su hijo e incluso el asesino de Yakhdun-Lim), quien al cabo de tres años fue asesinado por sus servidores. El heredero legítimo Zimri-Lim se había visto obligado a refugiarse en Alepo, dejando Mari en manos de Iasmakh-Adad, un hijo de Shamshi-Adad I.
Yakhdun-Lim levantó en Mari un magnífico templo que dedicó a Shamash y al que dio el nombre de E-Kirzala-An-An-Ki 'templo del esplendor del cielo y de la tierra', del cual nos ha llegado la inscripción de fundación. Yakhdun-Lim fue enterrado en TerqaYahya II ibn Idris
De origen beréber, Yahya II perteneció a la tribu de los hammudíes, con ascendencia árabe y fue hijo de Idris I ibn Alí, que había gobernado como califa de Málaga entre 1035 y 1039. Tuvo al menos tres hermanos, cuyos nombres eran Alí, Muhammad y Hassan.
El mismo día de la muerte de su padre (el 8 de octubre de 1039) Yahya fue proclamado califa en Málaga por el principal ministro de su padre, el beréber Ibn Baqanna; adoptó el título califático de al-Qaim bi-amr Illah y la kunya de Abu Zakkariyya. Con la proclamación de Yahya, se vulneró el testamento político de Idris, que había aceptado como una de las condiciones para acceder al trono de Málaga el nombrar como heredero a su sobrino Hassan ibn Yahya, que en el momento del óbito de Idris se encontraba gobernando la plaza de Ceuta, tutelado por el eslavo Nachá, enemigo personal de Ibn Baqanna.
La proclamación de Idris no fue bien recibida en Ceuta y Nachá se apresuró a denunciar su ilegitimidad y a proclamar califa en Ceuta a Hassan, que fue jurado por los ceutíes y los habitantes del resto de las plazas africanas. Nachá organizó una flota para atravesar el Estrecho, tomar Málaga y hacer valer los derechos de Hassan.
Yahya asistió inactivo al cerco de la ciudad, sin atreverse a salir de ella, hasta que la situación se volvió insostenible y se avino a parlamentar con los sitiadores a finales de febrero o principios de marzo de 1040. Abdicó en favor de al-Hassan con la condición de que se respetara su vida y la de sus partidarios.
Después de su abdicación las crónicas dejaron de mencionarlo, excepto para indicar que murió envenenado por orden de al-Hassan, que aún veía con recelo su influencia entre los sectores beréberes de la corte.
Yahya Ibn Omar al-Lamtuni
Conocido por su devoción, celo guerrero y ascetismo, Yahya Ibn Omar trabajó en armonía junto con Ibn Yasin para sacar al movimiento almorávide del reducto localista y de los ribat (especie de eremitorios musulmanes fortificados). Investido con el sobrenombre de amir al-haqq ('príncipe de la verdad'), Yahya Ibn Omar siguió las órdenes de Ibn Yasin, que a la postre era el emir que sancionaba y negaba, y se apoderó en 1054 de los territorios meridionales del valle del Draa y de la floreciente ciudad de Sijilmassa.
Confiado en sus posibilidades, Yahya Ibn Omar empujó sus conquistas hacia los territorios del norte, lo que causó gran consternación en todo el Magreb, el cual se encontraba asolado por guerras y enemistades. A lo largo de su victorioso avance, las fuerzas almorávides se hicieron con una gran cantidad de botín que distribuir entre sus seguidores.
A la muerte de Yahya Ibn Omar en 1056, su hermano Abu Baker Ibn Omar fue ascendido al liderato político por deseo expreso de Ibn Yasin, quien obligó a todas las tribus beréberes a jurarle la debida fidelidad.
Yahya Ibn Ibrahim
En el año 1035, algunos jefes de la tribu de los lamtuna, rama de los sanhaya, liderados por Yahya Ibn Ibrahim, realizaron la obligada peregrinación a La Meca. A su regreso, el grupo pasó por Qairaouan, importante centro cultural y religioso del Magreb, donde trabaron conocimiento con las enseñanzas ortodoxas del Islam. Reconociendo la ignorancia de su tribu en lo concerniente a las auténticas prácticas religiosas, Yahya Ibn Ibrahim hizo amistad con Abu Imran al-Fasi, distinguido jurista, al que convenció para que le recomendara un erudito religioso que les acompañara al desierto y poder adoctrinar a su pueblo en las verdades del Islam.
Abu Imran les recomendó a uno de sus mejores discípulos, Abd Allah Ibn Yasin, quien a la postre se convertiría en el fundador del movimiento religioso-político de los almorávides, que reinó en el Magreb y buena parte de al-Andalus en los siglos XI-XII. Abd Allah Ibn Yasin se convirtió en la fuerza propulsora de un nuevo celo religioso, al frente del cual, en el aspecto político y militar, se puso Yahya Ibn Ibrahim.
De vuelta al desierto, Ibn Yasin e Ibn Ibrahim dedicaron todo su empeño a la enseñanza y predicaciones del Islam, con un éxito bastante limitado en un primer momento, puesto que sólo pudieron reunir un pequeño, aunque entusiasta, grupo de seguidores con los que ambos líderes se retiraron a un ribat, ubicado en el curso inferior del río Senegal, cerca del actual cabo de Agua.
El grupo se consagró con gran fervor a prácticas religiosas y a las enseñanzas del Corán sin apenas salir más allá de los límites territoriales del ribat, viviendo como auténticos al-murabitum (morabitos, término de donde proviene el nombre de almorávides castellanizado). Poco a poco, el grupo aumentó hasta alcanzar unos 2.000 seguidores, a los que Ibn Yasin inculcó el sentido de la guerra santa.
Tras llevar a cabo el sometimiento total de su tribu, los lamtunas, los cuales veían con bastante recelo las prácticas tan ascéticas predicadas por los almorávides, Yahya Ibn Ibrahim falleció en el año 1042, tras de lo cual Ibn Yasin, auténtico líder del movimiento, nombró sucesor a Yahya Ibn Omar, al que puso al frente del brazo político-militar de los almorávides.
Yahya Ibn Ghaniya
Poseedor de una excelente formación intelectual y militar, en el año 1126 fue nombrado por el emir almorávide Ali Ibn Yusuf gobernador de al-Andalus. Ese mismo año, Yahya encargó a su hermano Muhammad Ibn Ali Ghaniya el gobierno de las Baleares, donde éste se mantuvo en la taifa hasta su muerte, acaecida en el año 1156, siendo su estirpe continuada hasta que los almohades tomaron las islas en el año 1203.
A pesar de su gran valía, Yahya Ibn Ghaniya no pudo evitar el desmoronamiento del poder almorávide en la península Ibérica. El descontento en al-Andalus para con los dirigentes almorávides cundió en todos los sectores de la sociedad y ganó en intensidad ante los renovados ataques de los monarcas cristianos (Alfonso VII de Castilla-León y Alfonso I de Aragón).
En el año 1144, Yahya Ibn Ghaniya abandonó Murcia y Valencia para ser trasladado a Sevilla por orden del emir Tashfin Ibn Ali, dejando en Levante a su sobrino Abd Allah, que escapó precipitadamente a Játiva cuando los valencianos, siguiendo el ejemplo generalizado, se alzaron en armas contra los almorávides.
Al año siguiente, una serie de revueltas y sediciones encadenadas sacudieron todo al-Andalus, afectando a zonas tan importantes como el Algarve, Niebla, Santarem, Jerez de la Frontera, Cádiz y Badajoz, resultando algunas de ellas en el establecimiento de varias ciudades-estado que desembocaron en el segundo período de taifas en la Península. Yahya Ibn Ghaniya a duras penas logró resistir en Córdoba hasta su muerte, en el año 1049, desaparición que también arrastró a la propia dinastía almorávide.
Yahya ibn Alí ibn Hammud
Hijo de Alí ibn Hammud y de Labbuna, que era hija de Muhammad al-Arizal, era de origen beréber y con ascendencia árabe. Tuvo un hermano, Idris, y una hermana cuyo nombre se desconoce y que casó con Muhammad, hijo de al-Qasim. En 1016 Alí ibn Hammud devino califa de Córdoba y señor de Málaga y entregó a su hijo Yahya el gobierno de Ceuta, que él mismo había detentado.
Antes de 1018, Yahya fue designado heredero del califato, pero a la muerte de Alí en 1018, su tío al-Qasim, hermano de Alí, se apresuró a viajar de Sevilla a Córdoba para ser proclamado califa, vulnerando así la herencia de Yahya. No obstante le nombró su heredero y le entregó a su hija Fátima como esposa; de ella tuvo dos hijos: Hassan e Idris.
En principio Yahya no se enfrentó a su tío y prefirió asegurarse el gobierno de Málaga y de las plazas africanas, trasladándose de Ceuta a la capital andaluza y nombrando su lugarteniente en Marruecos a su hermano y hombre de confianza Idris, esperando ambos la ocasión propicia para derrocar a al-Qasim. Si en un principio la conspiración de Yahya contra su tío mantuvo un carácter secreto, poco a poco se fueron conociendo sus intenciones y fue ganando adeptos entre los beréberes de la corte cordobesa.
Entre junio y julio de 1021, creyéndose suficientemente fuerte, se sublevó en Málaga contra al-Qasim y tomó el camino de Córdoba. Al-Qasim, que se sintió desamparado por sus súbditos, abandonó la capital califal y se estableció en Sevilla, dejando libre la entrada a Córdoba a Yahya; éste fue proclamado califa el 13 de agosto de 1021 por los dos partidos, andalusíes y beréberes, adoptando el título de al-Mutali bi-llah y las kunyas de Abu Zakariyya y Abu Muhammad. Mientras tanto al-Qasim había sido jurado como califa en Sevilla, lo que dio lugar a la existencia de dos califas simultáneos en ambas capitales andaluzas.
Yahya designó como secretario de su cancillería a Abu-l-Abbas Ahmad ibn Burd y nombró visires a Muhammad ibn al-Faradi y a Abu Bakr ibn Dakwan. Convirtió su corte en una constante reunión de literatos y hombres de ciencia y fue dadivoso con todos aquellos que se acercaron a él, especialmente con los poetas que le dedicaron grandes alabanzas. Esta actitud hizo que los mismos beréberes que lo habían entronizado lo derrocaran violentamente el 7 de febrero de 1023 y nombraran de nuevo califa a al-Qasim, que viajó desde Sevilla para recibir el juramento de los cordobeses.
Yahya se estableció en Málaga y su feudo ocupaba casi toda la parte meridional de la Península, desde Málaga hasta Jerez, con unas rentas abundantes y saneadas. En diciembre de 1023 fue derrocado al-Qasim y el califato pasó al omeya Abd al-Rahman al-Mustazhir. Yahya persiguió a su tío al-Qasim y lo capturó en Jerez, donde éste se había refugiado. Lo trasladó a Málaga y lo mantuvo preso en el alcázar, hasta que, muerto Yahya, fue mandado asesinar por su sucesor, Idris.
En 1024 al-Mustazhir fue asesinado y sustituido por Muhammad III, que persiguió a los adeptos del anterior califa, muchos de los cuales pidieron cobijo en Málaga a Yahya. Entre los refugiados se encontraban Ibn Hazm y el poeta Abu Amir ibn Suhayd, que esperaban del hammudí que atacase la capital cordobesa y expulsase a Muhammad. Pero Yahya no marchó hacia Córdoba hasta noviembre de 1025, fecha en que supo que Muhammad había abandonado la ciudad y nadie la gobernaba; entró en Córdoba el 9 de noviembre sin encontrar resistencia y designó gobernador de la ciudad a su visir y secretario Abu Chafar ibn Musa, a quien dejó protegido por un escasa guarnición de beréberes. Regresó a Málaga a principios de marzo de 1026.
Desde entonces Málaga pasó a ser la capital del menguado califato y Córdoba una provincia del imperio hammudí. Esta situación se prolongó hasta 1027, en que los cordobeses entregaron el califato a Hisham III, aunque después de esta fecha los monarcas de Málaga siguieron considerándose califas y ostentaron el título de Emir de los Creyentes, sin lograr que su autoridad fuese reconocida en todo Al-Andalus y opuestos al partido andalusí, encabezado por los Banu Abbad de Sevilla. Aquel fue el momento del nacimiento de la taifa de Málaga.
Para hacer efectivo el reconocimiento nominal que le profesaba el partido beréber, Yahya atacó a su principal enemigo, Abul Qasim Muhammad de Sevilla, tomando la plaza de Carmona y expulsando de allí a su régulo. Estableció una base en Carmona desde la que amenazaba tanto la taifa sevillana como la cordobesa y eso causó la reacción del rey de Sevilla, que se erigió como aglutinante del partido andalusí en oposición al africano y proclamó el regreso de un falso Hisham II (1035), al cual se adhirieron las taifas contrarias a los hammudíes.
A finales de año, encontrándose Yahya en Carmona y tras una tremenda noche de orgía, su campamento fue atacado por Ismail, hijo del régulo sevillano, que acabó capturando y dando muerte a Yahya. Tras su muerte la causa hammudí siguió, representada por su hermano Idris, que obtuvo el reconocimiento de las taifas de Granada y Almería, sin respetar el testamento político de Yahya, que había designado como heredero a su hijo Hassan, muy joven a la muerte de su padre.